Nadie nace sabiendo ser un buen padre, ni mucho menos ser un
buen hijo, aquí se presentan distintos consejos para crear y cuidar una
dinámica familiar saludable
Revisar los roles periódicamente: Lo que funcionaba cuando los niños eran pequeños quizás no funcionen del todo ahora que son adolescentes. Siéntense en familia y háganse la siguiente pregunta: “¿Cómo podemos repartir las tareas de forma más justa?” o ¿Sientes que estás cargando con demasiadas responsabilidades?, la responsabilidad es clave.
Crear rutinas de conexión diaria: No hace falta que sea la
gran cosa, puede ser una cena sin pantallas, antes de ir a dormir una charla
con los miembros de la familia o compartir pasatiempos de manera equitativa, la
constancia de estas pequeñas rutinas construye seguridad y pertenencia
Normalizar el perdón: En todas las familias se cometen
errores, los padres no deben gritar como respuesta al mínimo error y los hijos no
deben mentir ni desobedecer con frecuencia, lo importante no es evitar el
fallo, sino crear una cultura donde sea posible decir “lo siento” y donde se
busque reparar el daño
Asambleas familiares: Una vez a la semana o al mes, crear reuniones para hablar de cómo va la convivencia es una buena idea, no para reñir, sino para ajustar. ¿Qué norma creen que no está funcionando?, ¿Hay algo que necesiten y no estén recibiendo? Son preguntas dirigida a los niños que les enseña a dar su propia opinión y de lo que ven en su familia
Cuida la pareja: Los hijos aprenden a querer viendo a sus
padres, dedicar tiempo a la relación de la pareja, aunque sea pequeño a simple
vista, fortalece el subsistema conyugal, que es la base sobre lo que se
sostiene toda la estructura familiar
Acepta que cada familia es única: No debe haber
comparaciones entre familias ni lo que uno pueda ver en redes sociales, las
familias tienen sus propias fortalezas y luchas propias, el objetivo no es ser
perfectos, sino en ser un equipo donde cada miembro se sienta visto, escuchado
y amado


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