El Duelo: La Pérdida de un Miembro de la Familia

El Duelo


El duelo es la reacción adaptativa normal (pensamiento, sentimiento y actividad) ante la pérdida de una persona querida, un animal, un objeto, etapa o evento significativo. 
La pérdida de una persona querida es una de las experiencias más dolorosas, más intensas que cualquier ser humano puede sufrir y no solo es dolorosa como vivencia, más también dolorosa de ser atenuada apenas por el hecho de sentirnos impotentes para ayudar (Bowlby, 1980).

En este sentido, el duelo se puede entender desde diversas perspectivas, en particular, si se habla del fallecimiento de un ser querido, la sociedad tradicional lo asimila como parte de la vida. Por el contrario, con los grandes avance de la ciencia como el aumento de la longevidad humana y la asociación de la muerte a un fenómeno de la adultez tardía, la muerte se ha convertido en algo “abstracto e invisible” (Papalia, Feldman y Martorell, 2012). 

Pérdida de un Miembro de la Familia

Generalmente, la familia es con regularidad el marco de referencia y pertenencia de las personas, por lo tanto, no es extraño que este hecho adquiera mayor relevancia para una persona en los acontecimientos de vital importancia que se viven a lo largo de la vida desde la niñez hasta la vejez. Por esta razón, de acuerdo con Llavona y Mendez (2012) los acontecimientos como la pérdida de un miembro de la familia o la cercanía de la muerte por un proceso de enfermedad "afecta con frecuencia al resto, así como a la estructura y funcionamiento familiar" (361).

La pérdida es traumática. Siempre es dolorosa. Por lo que toma un tiempo y un proceso volver a la normalidad (D'Addona, 2025).

Manifestaciones normales del duelo según el psiquiatra estadounidense W. Worden

Las personas se mantienen en duelo por el contexto de la muerte del miembro de la familia:

  • Momento histórico (Pérdidas pasadas y separaciones)
  • Sociedad (sin red de apoyo)
  • Familia (relación ambivalente independiente)
  • Individuo (carácter y forma de manejar el estrés)
  • Cultura (pérdida inesperada o múltiples)

¿Cómo vive la familia el duelo?

Los niños viven el duelo de forma diferente. Un niño que está viviendo un duelo no tolera el dolor de forma continua, por lo que, pasa de momentos de tristeza a momentos de juego. Asimismo, puede presentar retrocesos en su desarrollo con respecto a conductas ya superadas como perder el control de esfínteres, evitar comer solo o hablar de manera infantil.
Asimismo, la tristeza y la confusión en los niños se presenta como problemas de alimentación, problemas de sueño, miedo, querer estar siempre acompañado, cambios en el desempeño escolar, dificultad para concentrarse, pérdida del interés en actividad que realizaba con satisfacción, extrañar a la persona querida, o decir cosas como "quiero irme a donde mi... (mamá, papá, hermano, hermana, abuelo, abuela, etc.).

Intervención Psicológica

Para empezar, la psicología señala lo que vive una persona luego del fallecimiento de un ser querido como un proceso normal, donde se experimenta diferentes emociones y sentimientos que permiten sobrellevar el dolor e implementar cambios necesarios para la adaptación a la nueva realidad. De esta manera, las personas durante este proceso utilizan estrategias de afrontamiento que les ayudan a hacer frente los cambios y a asumir un nuevo curso de la vida.

Por esta razón, se entiende que la muerte es parte natural de la vida y es influenciada su interpretación por muchas culturas, donde esta realidad genera angustia y dolor, ya que ciertamente implica perder a una persona y por lo tanto una parte importante de la vida de los familiares y seres queridos. En este sentido, es de suma importancia reconocer el proceso del duelo como subjetivo y con un ritmo personal, donde la persona interpreta y experimenta distintas emociones en diversa medida desde una perspectiva intrínseca y extrínseca con factores influyentes (cultural, religión, social, personal, etc.),y asimismo, identificar las necesidades de una persona en el duelo normal (formación acerca del duelo y sobre los recursos disponibles, así como ofrecer apoyo emocional básico) y las necesidades de una persona en el duelo de riesgo (seguimiento regular, con apoyo emocional, valorando individualmente la necesidad de psicoterapias específicas y estructuradas).

Asimismo, es importante resaltar que, la imagen que se tiene sobre la muerte en un gran porcentaje de los casos puede imponer un desgaste emocional en la persona, al proyectar sentimientos de desesperanza, impotencia y tristeza profunda, aumentando pensamientos vinculados al temor, la evitación y la incertidumbre. Por lo tanto, aunque la muerte representa un hecho ineludible, no deja de causar una reacción de impacto, y esto es más significativo cuando afecta el equilibrio del sistema familiar, ya que su consiguiente adaptación a la pérdida supone una reorganización, a corto y a largo plazo del proyecto de vida, dependiendo de qué rol cumplía la persona fallecida.

¿Cómo hago para recuperarme del duelo? Sentir y expresar el dolor (emoción). (D'Addona, 2025)

Objetivos

Tareas del Duelo según Worden (1997)
  • Reconocer la pérdida y aceptar su irreversibilidad.
Constituye una tarea difícil, reconocer que el ser querido ha partido para siempre, es lento. Puede experimentar intensas emociones de dolor, negación, incredulidad y el deseo de que el ser vivo vuelva a la vida. Reconocer y aceptar su irreversibilidad implicar atravesar situaciones en las que se corrobora y se comprueba su ausencia como participar en rituales de despedida, conversar sobre el fallecido y su muerte, compartir recuerdos, tomar decisiones con respecto a sus pertenencias y vivir momentos en los que se contaba con su presencia.
  • Liberar las emociones y sentimientos que acompañan el duelo.
Trabajar el duelo supone confrontar las emociones que genera la ausencia del ser querido: reconociendo, dándole nombre, expresando, entendiendo, aceptando y validando lo que se siente.
  • Capacitarse para desenvolverse sin la persona querida. 
A pesar de que el fallecido no está, es necesario afrontar los desafíos de la vida a través de decisiones, nuevos roles y nuevas habilidades.
  • Recuperar el interés por la vida y por las personas que aún viven. Emprender nuevos proyectos.
Requiere de reubicar emocionalmente al fallecido y continuar viviendo, lo que constituye un cambio en la posición que tenía el ser querido en nuestras vida y encontrar un nuevo sentido a la vida. Esto no significa eliminar o dejar de un lado los recuerdos, sino darle otro significado de acuerdo con la disminución de la intensidad que producían.

Asimismo, es importante realizar la evaluación del doliente de forma empática y adecuada, para construir un primer paso terapéutico, incluyendo counselling como marco de la intervención; ya que la expresión de emociones y la búsqueda de significado tienen un efecto positivo en la resolución adecuada del duelo, de manera muy similar al beneficio que proporciona recordar y revivir el trauma en la prevención del trastorno de estrés postraumático. 

El principal objetivo de la intervención psicológica ante el duelo de acuerdo con Llavona y Mendez (2012) es "ayudar al doliente a hacer frente a los problemas prácticos y emocionales que siguen a la pérdida del ser querido" (p. 371). En este sentido, la intervención psicológica no trata de olvidar al fallecido, sino de hallarle un espacio psicológico que fomente el acceso al presente y los retos de la vida, tanteado el equilibrio entre estimular el avance y respetar el ritmo personal del doliente (para evitar el descenso prematuro del tratamiento).

En este sentido, en la terapia sin duda alguna es beneficioso la incorporación y expresión de emociones placenteras para ayudar el adecuado desarrollo del duelo y visualizar un buen pronóstico, de esta manera, se puede incluir la fomentación de aspectos protectores tales como la sensación de autoeficacia, competencia y utilidad en el cuidado del paciente, el autocuidado, las ideas de planificación de futuro, la flexibilidad mental frente a las dificultades presentes, anticipación de rituales de despedidas, etc. (Llavona y Mendez, 2012).

Técnicas y estrategias de intervención psicológica 

  • Estrategias de resolución de problemas

Se  busca ayudar a la familia a: analizar los estresores concretos que se pueden encontrar en la situación actual; determinar si se pueden eliminar o modificar; priorizar de forma consensuada, en función del malestar generado en el propio familiar y de la opinión del terapeuta; entrenamiento en estrategias de solución de problemas, aplicación del listado de problemas y generalización de la estrategia (Llavona y Méndez, 2012).
Los pasos a seguir con respecto a la estrategia de solución de problemas son (D'Zurilla y Nezu, 2007):
  1. Orientación hacia el problema: busca fomentar las creencias de autoeficacia, para aprender a reconocer los problemas como retos. Asimismo, adquirir conocimiento sobre las funciones y gestión de las emociones en la solución de problemas, así como aprender técnicas de autorregulación para disminuir las conductas impulsivas y promover el pensamiento racional.
  2. Formulación y definición del problema: recopilar información importante basada en los hechos, aclarar la naturaleza del problema, proponer metas realistas y reevaluar el significado del problema para el bienestar del individuo.
  3. Generación de soluciones alternativas: utilizar los principios relacionados con la cantidad, aplazamiento del juicio y variedad.
  4. Toma de decisiones: Anticipar los resultados de la decisión, estudiar los posibles resultados de la misma (juzgar y comparar) y preparar un plan para llevar a cabo la decisión tomada.
  5. Práctica y verificación de la solución: realizar la conducta elegida, autoobservar la conducta y resultado, autoevaluar comparando el resultado producido con el esperado y autoreforzar. En el caso, de que el resultado no sea el esperado, es importante estudiar el proceso y modificar los elementos necesarios.
Al respecto conviene decir que la estrategia de "solución de problemas" en muchas ocasiones necesita de la práctica de ciertas habilidades o estrategias necesarias que pueden practicarse en familia.

  • Estrategia de afrontamiento

Constituye un conjunto de actividades intencionales y conscientes desde una perspectiva conductual, emocional o cognitiva, que dirige al individuo a la resolución de adversidades por medio de herramientas y habilidades que le permitan afrontar la situación y cumplir metas de adaptación. Asimismo, la estrategias de afrontamiento se puede clasificar de acuerdo a sus características como: la valoración (implica la búsqueda del significado del evento crítico), el problema (busca la manera de confrontar la realidad, manejando las consecuencias que se nos presentan), y la emoción (regulación de los aspectos emocionales e intento de mantener el equilibrio afectivo).
  1. Mantener un control activo en el problema
  2. Intentar no distorsionar o hacer más dramática la situación
  3. Practicar la relajación y analizar la situación desde diferentes perspectivas
  4. Confiar en nosotros mismos y en nuestras capacidades
  5. Admitir nuestros límites, ¡somos personas, no robots!
  6. Pedir ayuda a las personas más íntimas, cuando reconocemos que necesitamos un apoyo.
  • Entrenamiento en habilidades de comunicación

Inicialmente, el entrenamiento en habilidades de comunicación requiere de práctica frecuente haciendo uso de las habilidades  de comunicación. De este manera, se busca aumentar la eficacia interpersonal del familiar de forma genérica y, de modo más específico, expandir sus recursos ante las diversas situaciones de comunicación compleja que se presentan en la situación de final de vida o muerte de un ser querido. Existen elementos esenciales del entrenamiento (Caballo e Irurtia, 2008):

  1. Entrenamiento de habilidades: por medio de instrucciones, ensayo de conducta, modelado, retroalimentación y agregando refuerzo, se aprenden conductas específicas, que se practican y buscan integrar en el repertorio conductual de la persona.
  2. Reducción de la ansiedad: de manera indirecta (a través del empleo de conductas más adaptativas) y de forma directa en el caso de niveles de ansiedad muy elevados (respiración diafragmática, relajación, desensibilización sistemática, autoobservación y distracción cognitiva).
  3. Reestructuración cognitiva: la modificación de valores, actitudes, creencias y cogniciones desadaptativas se suele presentar de manera indirecta mediante la obtención de nuevas conductas. En este sentido, se puede indicar el uso de autoinstrucciones, reetiquetado racional positivo o técnicas de autocontrol
  4. Entrenamiento en solución de problemas, presente de modo implícito más que sistemático en todo el entrenamiento de habilidades de comunicación.

  • Técnicas Constructivistas 

Ahora bien, las técnicas constructivista también pueden ser de utilidad (Llavona y Mendéz, 2012), como las siguientes:

  1. Utilización de biografías
  2. Caracterizaciones de la pérdida
  3. Cartas que no se envían
  4. Escritura de diarios

  • Estrategias de autocontrol

En lo que se refiere a las estrategias de autocontrol, representan la ejecución de habilidades que facilitan a los familiares regular sus comportamientos en cuanto a lograr los objetivos o metas que se han propuesto. Las indicaciones para este tipo de estrategias (Carrasco, 2008) son:

  1. Favorecer el compromiso al cambio, siendo las tareas principales focalizar la atención en beneficios y perjuicios, potenciar las expectativas de autoeficacia y comunicar a otros el proyecto de cambio.
  2. Especificar y evaluar el problema: observación y registro de la conducta y de sus determinantes.
  3. Planificar objetivos del cambio: concretar metas parciales y finales.
  4. Diseñar y aplicar estrategias de cambio: control de estímulos, estrategias cognitivas, técnicas centradas en las conductas, autoobservación y autorregistro, entrenamiento de respuesta alternativa, contrato conductual, programación conductual, autorrefuerzo y autocastigo. Práctica en casa.
  5. Potenciar el mantenimiento y prevenir recaídas: revisar errores, identificar situaciones de alto riesgo, planificar estrategias de afrontamiento y ensayar acciones ante fallos o incumplimientos.

  • Estrategia de prevención de recaídas

Acerca de la prevención de recaídas como estrategia, constituye de gran utilidad en cualquier intervención terapéutica, ya que se hace una revisión de la evolución de las dificultades del familiar durante la terapia, apoyando la resolución de las dudas/cuestiones que surjan, asimismo, se evalúa el progreso en la reconstrucción de los significados atribuidos a los problemas, observando la disminución del malestar y en lo que respecta a la activación fisiológica, además, la mejora en la evitación de situaciones, pensamientos y emociones detectando situaciones de riesgo, y fomentando el que se continúe aplicando las técnicas aprendidas para afrontar las dificultades que surjan.

Consideraciones Generales 

Para empezar, es importante considerar el estado emocional de los integrantes de la familia y sobre el soporte social con el que cuentan para poder mejorar la capacidad de adaptación y afrontamiento. Teniendo en cuenta lo anterior, se puede trabajar en la fomentación de la expresión emocional y el counselling, el cual, va a contar con la función de acoger, validar y normalizar las respuestas emocionales que exprese la persona, para así poder implementar herramientas para canalizarlas de forma adaptativa (Arranz, Barbero, Barreto y Bayés, 2003).

En cuanto a medidas generales de soporte, es de suma relevancia colocar la debida atención de forma anticipada con respecto a la identificación de necesidades, contención emocional y sobre todo el seguimiento regular en personas con tendencia a desbordarse. Asimismo, se hace uso de regular el proceso de información que incluye rectificar, relativizar, suavizar y/o agregar información a la que la persona dice tener, motivándole a su vez, a realizar actividades y compruebe los beneficios de estas. Ahora bien, también se puede proporcionar actividades distractoras como paseos, conversaciones, hobbies, etc.

Ahora bien, se puede promover la aceptación de los desafíos y dificultades como elementos adheridos a la vida y a la experiencia humana, fomentando a su vez la re-atribución positiva. En este sentido, para trabajar la ansiedad anticipatoria o los duelos, es importante abordar la naturaleza de la muerte: explorar si hay peticiones, explícitas o no, de hablar al respecto respetando el ritmo de cada persona. 

Referencias Bibliográficas
  • Arranz, P., Barbero, J., Barreto, P. y Bayés, R. (2003). Intervención emocional en cuidados paliativos. Modelo y protocolos. Barcelona: Ariel.
  • Barreto, P. y Soler, M. (2007). Muerte y duelo. Madrid: Síntesis
  • Bayés, R. (1998). Psicología del sufrimiento y la muerte. Anuario de Psicología, 29(4), 5-17. https://revistes.ub.edu/index.php/Anuario-psicologia/article/view/8904
  • Bowlby, J. (1980). La pérdida afectiva: Tristeza y depresión (Vol. 3). Barcelona: Paidós.
  • Caballo, V. E. e Irurtia, M. J. (2008). Entrenamiento en habilidades sociales. En F. J. Labrador (coord.), Técnicas de modificación de conducta (pp. 573-592). Madrid: Pirámide.
  • Carrasco, M. J. (2008). «Técnicas de autocontrol». En F. J. Labrador (coord.), Técnicas de modificación de conducta. Madrid: Pirámide.
  • D'Zurilla, T. y Nezu, A. (2007). Problem solving therapy. A positive approach to clinical intervention. Nueva York: Springer Publishing.
  • Llavona, L. y Mendez, F. (2012). Manual psicólogo de la familia. Madrid: Pirámide.
  • Papalia, D., Feldman, R. y Martorell, G. (2012). Desarrollo humano. México: McGraw Hill.
  • Worden, W. (1997). El tratamiento del duelo. Barcelona: Paidós Ibérica.