Violencia Intrafamiliar

Violencia Intrafamiliar



La violencia intrafamiliar se entiende como toda acción u omisión realizada por cualquiera de los miembros de la familia (en relación de poder), que afecte el bienestar, la libertad, la integridad física o psicológica, y el derecho al pleno desarrollo de algún miembro de la familia. Además, la violencia intrafamiliar es definida a partir de la existencia de relaciones familiares, por lo tanto, está profundamente vinculada a los factores que influyen en las relaciones de la familia, tales como
A continuación se atiende una definición de la violencia intrafamiliar también llamada violencia familiar, de acuerdo con Llavona y Méndez (2012) quienes señalan que "abarca todo tipo de agresión o maltrato en el contexto de las relaciones familiares, entre ellas el maltrato de padres a hijos y viceversa, entre ambos miembros de la pareja, entre hermanos, etc." (p. 231). En este contexto, la violencia intrafamiliar presenta una tendencia a una población vulnerable (que sufre como víctimas este fenómeno): niños, personas mayores y mujeres son vulnerables a esta violencia, prevaleciendo el sexo femenino (parejas, niñas y ancianas), pero no exclusivamente.
Por otra parte, es necesario identificar antes de cualquier plan de intervención los principales problemas que mantiene la violencia dentro del entorno intrafamiliar, como los que señala Llavona y Méndez (2012) a continuación "creencias que justifican la violencia, la impulsividad, la falta de empatía y las dificultades para conducirse de manera asertiva o para solucionar conflictos sin necesidad de recurrir a estrategias desadaptadas, [...] la existencia de pautas de crianza inadecuadas en los padres" (p. 209). En este sentido, hay que mencionar que las interacciones que surgen entre todas esas variables representan también elementos clave, puesto que son precisamente esas interacciones las que, en etapas tempranas, pueden llegar a constituir el origen del problema. 
Por esta razón, es indiscutible que la realidad que rodea las familias no siempre es como lo pensamos o idealizamos, ya que la familia no siempre participa como ese contexto seguro en el que las personas obtienen los recursos básicos para afrontar sus vidas. Por consiguiente, recursos y necesidades básicas como el cariño incondicional, el modelado o incluso la concepción del mundo como un lugar seguro representan los pilares esenciales para poder entender el contexto en el que se desarrolla la violencia intrafamiliar.

En cuanto al tratamiento en sí, el replanteamiento de las ideas que justifican la violencia supone uno de los primeros requisitos que deberemos abordar, inicialmente, a través de la psicoeducación sobre el fenómeno de la violencia ascendente y sus mecanismos de origen y mantenimiento. El establecimiento desde el principio de la terapia de conductas violentas inaceptables y el manejo de contingencias suponen las primeras acciones para empezar a restar utilidad a la violencia, pero no son suficientes. Las creencias que justifican la violencia deberán trabajarse específicamente a través de la reestructuración cognitiva, pues no podemos olvidar que suponen el sustrato a través del cual las personas juzgan la realidad de manera hostil.
Dado que el pensamiento hostil es uno de los componentes fundamentales de la ira, su identificación y cuestionamiento supone ya una primera estrategia de autocontrol, pero muy parcial. El conocimiento concreto de cuándo, cómo y por qué se enfada uno es la única manera para establecer estrategias de control (respiración, distracción, autoinstrucciones, suspensión temporal) adecuadas a cada momento. Sin embargo, este conocimiento de las propias emociones debe verse completado por el conocimiento de las emociones de las otras personas, es decir, por la empatía. Ser conscientes del sufrimiento de los demás y entender los motivos de sus comportamientos es también un importante freno a la agresión.
No obstante, no podemos apostar por el cambio si no dotamos a las personas de las estrategias necesarias para cambiar. Por este motivo, el aprendizaje de formas de afrontamiento adaptadas es otro bloque de contenido imprescindible. En el caso de los padres, lo más importante es el establecimiento de una disciplina positiva en la que, más allá del manejo de contingencias, empiece a tener cabida el razonamiento con el menor, la delegación de responsabilidades, el interés genuino por el otro y, por supuesto, la correcta expresión del cariño. Las estrategias para la comunicación asertiva y para la validación del comportamiento de los hijos, así como la concepción de los problemas desde un punto de vista más racional (menos hostil) son una ayuda fundamental en este sentido, tanto para padres como para hijos.
Pero poco importa que los individuos tengan capacidad para afrontar las situaciones de manera alternativa a la violencia si eso no va acompañado de un rechazo integral de la misma. El abordaje de una nueva identidad sin violencia supone el cierre del tratamiento por separado y el comienzo de la intervención a nivel familiar. La narración de lo que ha supuesto el tratamiento en la familia tiene un carácter reconstructivo; por eso, instaremos a cada miembro a que relate y comparta las pérdidas sufridas con el cambio, la sensación de competencia que ha ido adquiriendo o incluso la manera benevolente con que ahora es capaz de juzgarse a sí mismo y a los demás.
Así, el tratamiento familiar deberá tener como principal objetivo el intercambio positivo entre los miembros de la familia, aun incluso en situaciones conflictivas propuestas por el propio terapeuta. Durante esas interacciones, los miembros de la familia deberán demostrar y demostrarse a sí mismos que son capaces de aplicar las técnicas que han trabajado por separado y que lo hacen en conjunto, por consenso. La anticipación de situaciones conflictivas y de planes específicos de afrontamiento daría lugar a la prevención de recaídas y, con ello, al último bloque de tratamiento.
Sin embargo, no sólo son los pacientes los que deben aprender a vivir sin violencia, sino también los terapeutas. La violencia ascendente no es únicamente un problema de individuos. No es siquiera un problema familiar. Es un problema social, que nos concierne a todos. Más allá de los protocolos concretos o de las técnicas que los componen, deberemos empezar a transmitir la idea de que la violencia es inaceptable. Como profesionales, tenemos un compromiso a ese respecto. Como personas, una obligación moral.

Equipo multidisciplinario

De acuerdo con Ruiz y Romero (2024) intervenir con un enfoque multidisciplinario la violencia intrafamiliar es importante "para el desarrollo y mejora de los modelos de intervención debido a la complejidad de este fenómeno" (p. 80). De esta forma, un equipo multidisciplinario involucra a profesionales de distintos campos, con la capacidad en conjunto de abordar de manera holística e integral las diversas necesidades y desafíos que enfrentan las personas afectadas por la violencia intrafamiliar
En este sentido, el abordaje multidisciplinario del que se viene hablando reconoce que la violencia intrafamiliar cuenta con dimensiones psicológicas, sociales, de salud, jurídicas y legales, que en conjunto contribuyen y ofrecen una respuesta más completa y eficiente como intervención integral y holística (Ruiz y Romero, 2024; Caputo, 2013).
  • Dimensión psicológica: Comprende principalmente los efectos psicológicos de la violencia intrafamiliar para en respuesta desarrollar estrategias terapéuticas que apoyen a las victimas y a los agresores.
  • Dimensión social: Enfatiza el abordaje de los aspectos sociales y comunitarios de la violencia intrafamiliar, proporcionando apoyo práctico con derivaciones a servicios de vivienda segura, asistencia económica y acceso a recursos comunitarios.
  • Dimensión de salud: Desempeña un papel de suma importancia en la detección temprana y el tratamiento de lecciones físicas vinculadas a la violencia intrafamiliar, dirigido por profesionales de la salud como médicos y enfermeras. 
  • Dimensión de leyes y derechos: Se desenvuelve en papel de protección de las víctimas y en la persecución de los agresores, los profesionales en derecho son capaces de proporcionar asistencia y asesoramiento legal, validar órdenes de protección y brindar representación en casos judiciales con relación a la violencia intrafamiliar.
Así pues, la colaboración y coordinación de entre los diversos profesionales que actúan bajo las dimensiones mencionadas, garantizan que se brinde una intervención integral y coherente, que aborde las necesidades tanto individuales como familiares de las personas afectadas.

Entes de protección a la familia 

En el contexto legal (específicamente bajo el marco venezolano, que es el eje de las normativas de divorcio y violencia intrafamiliar solicitadas), los entes encargados de garantizar la integridad del núcleo familiar son:
  • Ministerio Público: A través de las Fiscalías con competencia en Protección de Niños, Niñas y Adolescentes y Fiscalías para la Defensa de la Mujer. Actúa como director de la investigación penal en casos de violencia.
  • Consejos de Protección de Niños, Niñas y Adolescentes (CPNNA): Órganos administrativos que dictan medidas de protección ante la amenaza o violación de derechos individuales.
  • Tribunales de Protección de Niños, Niñas y Adolescentes: Órganos jurisdiccionales que resuelven conflictos de familia (custodia, manutención, divorcios con hijos).
  • Defensoría del Pueblo: Encargada de la promoción, defensa y vigilancia de los derechos y garantías constitucionales.
  • Órganos Receptores de Denuncia: Incluyen la policía municipal, estadal, nacional y el Cuerpo de Investigaciones Científicas, Penales y Criminalísticas (CICPC) en casos de violencia intrafamiliar.

Aspectos jurídicos (conjunto de derechos) que intervienen

Los aspectos jurídicos se refieren a las prerrogativas que el Estado reconoce a los miembros de la familia. Los principales son:
  • Derecho a la protección de la familia: El Estado tiene el deber de proteger a la familia como asociación natural de la sociedad y espacio fundamental para el desarrollo de las personas.
  • Interés Superior del Niño: Principio de interpretación y aplicación de ley que garantiza el disfrute pleno y efectivo de los derechos de los menores sobre cualquier otro interés en conflicto.
  • Derecho a una vida libre de violencia: Garantía de integridad física, psíquica y sexual dentro del entorno doméstico.
  • Igualdad de derechos y deberes: Ambos cónyuges o concubinos tienen los mismos derechos y responsabilidades en la dirección del hogar y la crianza de los hijos.

Aspectos legales (leyes) que intervienen

Son los instrumentos normativos que regulan la dinámica familiar y establecen las sanciones o procedimientos ante su ruptura:

  • Constitución Nacional: Norma suprema que establece el deber del Estado de proteger la maternidad, la paternidad y el matrimonio.
  • Ley Orgánica para la Protección de Niños, Niñas y Adolescentes (LOPNNA): Regula todo lo relativo a la responsabilidad de crianza, convivencia familiar y medidas de protección.
  • Ley Orgánica sobre el Derecho de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia: Define los tipos de violencia (psicológica, física, patrimonial) y establece los procedimientos de protección.
  • Código Civil: Regula los aspectos de filiación, regímenes patrimoniales, el matrimonio y el divorcio
Referencias Bibliográficas

Ruiz Gajardo, T. y Romero, C. (2024). Revisión de los modelos de intervención en violencia familiar. Summa Psicológica UST, 21(2), 72-82. Disponible en: http://summapsicologica.cl/ [Consulta: 2026, marzo 11]