La familia es mucho más que un grupo de personas conviviendo en un mismo espacio geográfico y lazos sanguíneos, se trata de un sistema, un verdadero ecosistema emocional donde cada interacción, palabra o silencio va construyendo una atmosfera donde se respirará día tras día. En esta atmósfera, conocido como clima familiar, es esa vibra que se siente al entrar a un hogar: puede ser un espacio que transmita calma y seguridad donde todos actúan con naturalidad, sin embargo, puede transformarse en un terreno árido donde las relaciones empiezan a marchitarse. Entender los elementos que construyen este clima no es un ejercicio académico, es la hoja de ruta a seguir en un hogar. Construir este clima familiar idóneo no es cuestión de suerte o de familias perfectas salidos de una película, todo lo contrario, se trata de un trabajo exhaustivo que se construye ladrillo a ladrillo, roles que cada uno debe desempeñar, una calidad de comunicación positiva, normas que existan y, lo más importante, la afectividad que envuelve a todos los miembros de la familia. A continuación, se presentarán cuatro pilares fundamentales para conseguir un ambiente familiar adecuado que tanto se busca en una familia.
Roles: la funcionalidad del sistema familiar
Los roles familiares son las funciones, responsabilidades y
comportamientos que cada uno de los miembros asume dentro del sistema, esto,
lejos de tratarse de meras etiquetas rígidas, son los engranajes que permiten
que la maquinaria familiar funcione sin chirriar.
Un ejemplo claro donde una familia con roles bien definidos es donde los padres son quienes establecen la hora de llegada a su hijo, no se negocia desde el autoritarismo, pero tampoco se delegan en el hijo decisiones para los que aún no está preparado
Comunicación: el sistema circulatorio del hogar
Si la familia se trata de un cuerpo, la comunicación es su
sistema circulatorio, por ella viajan no solo palabras, a su vez se ven
emociones, expectativas, miedos y alegrías, una comunicación familiar saludable
se caracteriza por ser clara, directa, respetuosa y emocionalmente honesta.
Un ejemplo práctico sucede en una cena familiar, en un hogar con comunicación saludable, cada miembro cuenta algo de su día, respetando los turnos de habla mientras se escucha con calma e interés genuino.
Normas: marco de contención y seguridad
Las normas lejos de ser enemigas de la libertad, son el
marco de seguridad que permite un desarrollo saludable en la familia, hablamos
de acuerdos, ya sea explícitos o implícitos, que logran regular la convivencia
y establecer qué se espera de cada uno de los miembros.
Una norma clásica en el hogar es no usar el teléfono durante la cena, en una familia con clima positivo, esta norma no significa alguna especie de castigo, sino un valor compartido entre los miembros de la familia.
Afectividad: la temperatura emocional del hogar
La afectividad es sin duda el elemento más intangible, pero
el más determinante del clima familiar, se refiere a la calidad emocional de
las relaciones, a la capacidad de expresar cariño, de demostrar vulnerabilidad,
de celebrar los logros del otro y sostenerlos ante la adversidad. Un hogar con
una buena afectividad es aquel donde los abrazos no escasean, y donde un te quiero
se dice sin un ápice de vergüenza, donde los logros de los demás se celebran
con orgullo y donde el error no es motivo de desprecio, sino de aprendizaje.
Esta afectividad se puede ver en un hijo que suspendió en un examen, en un hogar con afectividad, la reacción no será de un grito o castigo automático, sino de preocupación y palabras de apoyo, ya que se validan lo sentimientos de frustración o tristeza antes de buscar soluciones

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